15 de mayo de 2012

Una jirafa muy normal

    
    
 

     Una jirafa muy normal

     Esta es la historia de una jirafa normal.
     Esta es la historia de una jirafa muy normal. Tan normal como un buey.
     Bueno, esta es la historia de una jirafa que quería ser un buey (lo que, al parecer, es bastante normal entre las jirafas —al menos entre las jirafas que quieren ser un buey).
     ¿Qué puede haber más normal que una jirafa que quiere ser un buey?, pensará alguno.
     La cuestión es que esta jirafa estaba convencida de que era un buey que se había convertido en una jirafa (porque, al parecer, cuando era buey, lo que más quería era ser jirafa).
     En fin, esta jirafa normal (que quería ser un buey porque creía que antes había sido un buey que quería ser una jirafa) llevaba una vida normal, muy normal.
     Por la mañana salía a volar con las bandadas de flamencos, al mediodía corría carreras con las liebres (que siempre ganaban las tortugas), por la tarde dormía la siesta entre las algas del fondo de la laguna, y al atardecer rumiaba en silencio con los elefantes hasta la hora de volver a su casa.
     Cuando llegaba la noche se paraba bajo la luna (justo debajo de la luna) y cantaba canciones normales, muy normales, en las que relataba las aventuras de una mariposa que quería ser un pájaro carpintero.
     Lo que nadie puede imaginar es qué hubiera sido de esta jirafa tan normal si, tal como ella lo deseaba, se hubiese convertido en un buey.
     Mejor así, pensará alguno.


     Douglas Wright
   

    

Un día tranquilo


    
    
     
     Un día tranquilo 

     Miguel se levantó de la cama, se lavó la cara y los dientes, tomó el desayuno y pasó toda la mañana jugando en el jardín de su casa.
     Después de almorzar durmió la siesta.
     Por la tarde jugó con su autito de madera hasta la hora de la merienda, y después leyó un libro y miró la tele hasta que lo llamaron a cenar.
     Cuando terminó de comer el postre subió a su pieza, se puso el pijama y se preparó para ir a dormir.
     Iba rumbo a la cama cuando tropezó con su autito de madera.
     Miguel cayó por la ventana abierta y fue a parar sobre un caballo que lo lanzó sobre un camión que iba rumbo al aeropuerto donde un avión lo llevó volando sobre unas montañas hasta un río donde se lanzó en paracaídas para ir a dar sobre un barco que luego de caer por unas cataratas atravesó un lago hasta llegar al puerto donde un ómnibus lo llevó hasta la puerta de su casa donde estaba su mamá sacando la basura.
     Miguel se fue a la cama pensando que, salvo por los últimos acontecimientos, había tenido un día tranquilo.


     Douglas Wright

    
    

10 de mayo de 2012

¡Qué lindo, cuando está feo!...




















¡Qué lindo, cuando está feo,
quedarme aquí, en la cama,
y ver cómo viento y lluvia
golpean contra mi ventana.


8 de mayo de 2012

Desde este lugar perdido...



















Desde este lugar perdido,
desde este rinconcito,
yo veo hasta el fin del mundo,
yo veo hasta el infinito.



¡Qué lejos que puedo ver!



A lo lejos puedo ver
las nubes que lleva el viento,
¡pero veo mucho más lejos
cuando yo miro hacia adentro!

¡Qué lejos que puedo ver
en un día despejado!,
pero veo mucho más lejos
si hacia adentro yo he mirado.



Siempre estoy dentro de mí

























Por más lejos que yo vaya,
a la montaña o al mar,
siempre estoy dentro de mí,
y no lo puedo evitar.

Siempre voy conmigo mismo,
dondequiera que yo vaya,
siempre estoy dentro de mí,
ya sea en el mar o en la playa.

Por más que vaya o que venga,
a todos lados me llevo,
siempre estoy dentro de mí,
siempre conmigo me quedo.


7 de mayo de 2012

Qué maravilla, mi calle brilla




















Qué maravilla,
mi calle brilla;
copos dorados,
por todos lados,
suben al cielo,
caen al suelo,
y con la brisa,
vuelan sin prisa.


Brilla amarilla
la alcantarilla,
y la vereda
de oro se queda;
nieve dorada,
nieve encantada,
nieve especial:
¡magia otoñal!


El fresno frente a mi casa...






















El fresno frente a mi casa
se deshoja en mariposas
que con la brisa de otoño
revolotean silenciosas.


A los fresnos de mi calle...
























A los fresnos de mi calle
los han tocado las hadas,
ahora caen de sus ramas
mágicas hojas doradas.


6 de mayo de 2012

El Jardinero Mágico



Tres Jardineros Mágicos
marchan rumbo a su trabajo.



















(El Jardinero Mágico se publica regularmente en Imaginaria.)

¡Uy!, cuántos “yo” que “yo” somos

























¡Uy!, cuántos “yo” que “yo” somos,
tres o cuatro, tal vez más;
uno es un Jardinero,
otro se llama Tomás,
otros, Martín y María,
y Luciano y su mamá.

¡Uy!, cuántos “yo” que “yo” somos,
seis o siete, tal vez más;
uno es un humorista,
otro sabe dibujar,
uno hace las canciones,
y otro las puede cantar.

¡Uy!, cuántos “yo” que “yo” somos,
veinte o treinta, tal vez más;
uno es un detective
que vive en “L. A.”,
otro es un perro que vuela,
y otro es un héroe: Bookman.

¡Uy!, cuántos “yo” que “yo” somos,
ya no los puedo contar;
“yo” de antes, “yo” de ahora,
y muchos, muchos “yo” más,
y si aparece un “yo” nuevo,
entonces: ¡a festejar!


1 de mayo de 2012

Uno, dos, tres: ¡rock!




Uno, dos y tres,
cuatro, cinco y seis,
siete, ocho y nueve
y después un diez.

Si puedes contar,
tú podrás cantar
este rocanrol
hasta el final.


Me gusta contar,
me gusta cantar,
cuento, canto y cuento
hasta el final.

Me gusta cantar,
me gusta contar,
canto, cuento y canto
hasta el final.


Dos y dos son cuatro,
cuatro y dos son seis,
seis y dos son ocho,
ocho y dos son diez.

Si puedes contar,
tú podrás cantar
este rocanrol
hasta el final.


Me gusta contar,
me gusta cantar,
cuento, canto y cuento
hasta el final.

Me gusta cantar,
me gusta contar,
canto, cuento y canto
hasta el final.


Uno, dos, tres: ¡rock!


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Canción: Uno, dos, tres: ¡rock!