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Llueve que llueve,
llueve que llueve,
ya estoy cansado
de tanto llover.

Lueve en los techos.
llueve en los tachos,
agua y más agua
yo veo caer.

Llueve que llueve,
llueve que llueve,
yo ya estoy harto
de tanto llover.

Llueve de día,
llueve de noche,
a la mañana
y al atardecer.

Llueve que llueve,
llueve que llueve,
-¡huy, qué aburrido,
no sé más qué hacer!

Lueve en la casa,
llueve en la plaza,
llueve que llueve,
¡ya no puede ser!

Llueve que llueve,
llueve que llueve,
y nunca, nunca
para de llover.

Llueve que llueve,
llueve que llueve,
¿será que nunca
deja de llover?

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Es un mundo de colores
el jardín del Jardinero;
una nube azul en junio
y un sol dorado en enero.

La flor está en la maceta,
la nube azul, en el cielo,
y por un sendero verde,
anda y anda el Jardinero.

Es un mundo de colores
este mágico jardín,
los árboles, colorados,
las hojas, color carmín.

Y pájaros amarillos,
y una mariposa roja;
y matorrales violetas,
y una planta color rosa.

Es un mundo de colores
el jardín del Jardinero,
que anda con su regadera,
de enterito y con sombrero.

Es de noche y las estrellas
van saliendo, una a una;
y el Jardinero se duerme
para soñar con la luna.

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Martín la llamó a María
y la invitó a merendar,
y le dijo: “a alguna amiga
también podés invitar”.
María la llamó a Graciela
—que era amiga de la escuela—,
y Graciela llamó a Ana
—que era amiga de su hermana.

Ana invitó a Luciano,
a Pedro, a Juan y a Miguel;
y Miguel la llamó a Rosa,
y Rosa llamó a Raquél.
Raquél tenía seis amigos
y a todos los invitó:
a Mario, a José y a Fito,
a Horacio, a Luis y a Totó.

Y como cada invitado
a alguno más invitó,
así la lista de nombres
creció, creció y creció.
Florencia, Julia y Lucía,
Diego, Tomás y Manuel;
Daniel, Roberto y Eduardo,
Elsa, Marina y Mabel.

Y había un montón de Marcelos,
y había unas cuantas Gabrielas,
y cuatro o cinco Ramones,
y seis o siete Manuelas.
Y llegaron todos juntos
a la casa de Martín;
y tomaron la merienda
sentados en el jardín.

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¿Qué hay adentro de mi cuerpo?
Hay una luna y un sol;
la luna, gorda, se ríe
y el sol canta una canción.
Las estrellas hacen coros
(una y otra y otra voz);
cantan de a cuatro y de a cinco,
cantan de a tres y de a dos.
¿Qué hay adentro de mi cuerpo?
Hay un cielo y hay un mar;
los dos están muy contentos
y se ponen a cantar.
Las nubes hacen los coros
(una y otra y otra voz);
cantan de a seis y de a siete,
cantan de a tres y de a dos.
¿Qué hay adentro de mi cuerpo?
Hay una noche y un día;
la noche, llena de calma,
el día, lleno de alegría.
Y todos cantan a coro
(una y otra y otra voz);
y unos y otros, todos juntos,
cantan la misma canción.

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Qué lindo es el día
-el día de hoy.
Ando por la plaza
-por la plaza voy-;
doy vueltas y vueltas
-y más vueltas doy.
(El sol otoñal
pica fuerte igual;
y sopla una brisa,
tranquila, sin prisa.)
Y digo en voz alta
-tan contento estoy-:
“¡Ah, qué lindo día
-el día de hoy!”

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----La luna rellena
hoy viene a la cena,
se llena la panza
con sopa de avena,
se infla tan grande
como una ballena...
La luna redonda,
la luna brillante,
la luna rellena.
La luna rellena
se posa en la antena,
baja hasta la cama,
da un beso a la nena,
se va por el techo
rozándolo apenas...
La luna redonda,
la luna brillante,
la luna rellena.
Como una pelota
de trapos de seda,
rebota y rebota
la luna rellena,
que trae la risa,
que lleva la pena,
que viene a la cena
con sopa de avena...
La luna redonda,
la luna brillante:
¡La luna rellena!
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