
Martín la llamó a María
y la invitó a merendar,
y le dijo: “a alguna amiga
también podés invitar”.
María la llamó a Graciela
—que era amiga de la escuela—,
y Graciela llamó a Ana
—que era amiga de su hermana.

Ana invitó a Luciano,
a Pedro, a Juan y a Miguel;
y Miguel la llamó a Rosa,
y Rosa llamó a Raquél.
Raquél tenía seis amigos
y a todos los invitó:
a Mario, a José y a Fito,
a Horacio, a Luis y a Totó.

Y como cada invitado
a alguno más invitó,
así la lista de nombres
creció, creció y creció.
Florencia, Julia y Lucía,
Diego, Tomás y Manuel;
Daniel, Roberto y Eduardo,
Elsa, Marina y Mabel.

Y había un montón de Marcelos,
y había unas cuantas Gabrielas,
y cuatro o cinco Ramones,
y seis o siete Manuelas.
Y llegaron todos juntos
a la casa de Martín;
y tomaron la merienda
sentados en el jardín.

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¿Qué hay adentro de mi cuerpo?
Hay una luna y un sol;
la luna, gorda, se ríe
y el sol canta una canción.
Las estrellas hacen coros
(una y otra y otra voz);
cantan de a cuatro y de a cinco,
cantan de a tres y de a dos.
¿Qué hay adentro de mi cuerpo?
Hay un cielo y hay un mar;
los dos están muy contentos
y se ponen a cantar.
Las nubes hacen los coros
(una y otra y otra voz);
cantan de a seis y de a siete,
cantan de a tres y de a dos.
¿Qué hay adentro de mi cuerpo?
Hay una noche y un día;
la noche, llena de calma,
el día, lleno de alegría.
Y todos cantan a coro
(una y otra y otra voz);
y unos y otros, todos juntos,
cantan la misma canción.

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Qué lindo es el día
-el día de hoy.
Ando por la plaza
-por la plaza voy-;
doy vueltas y vueltas
-y más vueltas doy.
(El sol otoñal
pica fuerte igual;
y sopla una brisa,
tranquila, sin prisa.)
Y digo en voz alta
-tan contento estoy-:
“¡Ah, qué lindo día
-el día de hoy!”

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----La luna rellena
hoy viene a la cena,
se llena la panza
con sopa de avena,
se infla tan grande
como una ballena...
La luna redonda,
la luna brillante,
la luna rellena.
La luna rellena
se posa en la antena,
baja hasta la cama,
da un beso a la nena,
se va por el techo
rozándolo apenas...
La luna redonda,
la luna brillante,
la luna rellena.
Como una pelota
de trapos de seda,
rebota y rebota
la luna rellena,
que trae la risa,
que lleva la pena,
que viene a la cena
con sopa de avena...
La luna redonda,
la luna brillante:
¡La luna rellena!
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Con las palabras
yo juego,
con las palabras
yo juego...
Con las palabras
me gusta jugar,
hacerlas cantar,
hacerlas reír,
hacerlas rimar:
“canto con manto,
risa con tiza,
rima con lima...”
Con las palabras
yo juego,
con las palabras
yo juego...
Con las palabras
me gusta jugar,
hacerlas saltar,
hacerlas correr,
hacerlas rimar:
“salto con alto,
corro con gorro,
rima con cima...”
Con las palabras
yo juego,
con las palabras
yo juego...
Con las palabras
me gusta jugar,
hacerlas volar,
hacerlas vivir,
hacerlas rimar:
“vuelo con suelo,
vivo con divo,
rima con prima...”
Con las palabras
yo juego,
con las palabras
yo juego...
Con las palabras
me gusta jugar,
rimar y reír,
rimar y cantar:
¡rimar y rimar!

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Si me quedo bien callado,
veo todo lo que pasa
—por arriba y por abajo,
por un lado y otro lado.
Veo las nubes pasar
flotando, arriba, en el cielo,
un avión que va volando
y unas flores en el suelo.
Si me quedo bien callado,
oigo todo lo que ocurre
—aquí cerca y allá lejos,
de este lado y de aquel lado.
Escucho el viento en las hojas
y una bocina a lo lejos,
y cómo crujen las ramas
de los árboles más viejos.
Y cuando estoy muy callado,
yo formo parte de todo
—desde el cielo, allá a lo lejos,
hasta el pasto, aquí a mi lado.

Sobre el patio de mi casa
hay un pedazo de cielo;
las nubes pasan flotando
y los pájaros, al vuelo.
Este pedazo de cielo
es un cielo en miniatura;
los gorriones vuelan bajo
y un avión, a gran altura.
Sobre el patio de mi casa
el cielo muestra un cuadrado;
de día es puro celeste,
de noche es negro azulado.
Este cuadrado celeste
brilla sobre mi cabeza;
le da luz a todo el patio,
ilumina hasta mi pieza.
Sobre el patio de mi casa
se asoma la luna llena
que hace brillar el malvón,
el jazmín y la azucena.
Un puñadito de estrellas
está dele titilar;
unas casi no se mueven,
otras andan sin parar.
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¿Cómo como, ¿cómo como?
¿Qué me gusta a mí comer?
¿Cómo como, ¿cómo como?
¡Enseguida van a ver!
Un café con leche
con tres medialunas;
comida como ésta
no existe ninguna.
Una milanesa,
muchas papas fritas
cortadas bien gruesas,
cortadas finitas.
Un par de salchichas
con un buen puré;
ésto es lo más rico,
yo sí que lo sé.
Un helado grande
de crema y frutilla;
arriba, en la punta,
la cereza brilla.
Un sándwich gigante
de jamón y queso,
para mí no hay nada
más rico que eso.
¿Cómo como, ¿cómo como?
Recién lo pudieron ver.
¡Ahora saben cómo como,
qué me gusta a mí comer!

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