El ladrido de un perro,
el motor de algún coche,
lejos, una bocina:
los ruidos de la noche...

Las hojas de otoño
que están en el suelo,
cuando llega el viento,
levantan el vuelo.

Es de noche y el lago,
el lago está dormido;
las estrellas le cantan,
le cantan al oído.

Me voy de vacaciones.
¿Adónde? ¿A qué lugar?
Me voy de vacaciones
donde pueda jugar.
Me voy de vacaciones.
¿Adónde? ¿A qué país?
Me voy de vacaciones
donde sea feliz.
Me voy de vacaciones.
¿Adónde? ¿Adónde ir?
Donde, de vacaciones,
siempre pueda vivir.
A la otra orilla
yo quiero llegar;
a la otra orilla
yo quiero llegar.
Hay un sólo modo,
hay un sólo modo,
hay un sólo modo:
¡ponerme a nadar!
Mi dentista es un artista:
él hace que no me duela
cuando me arregla algún diente
o me saca alguna muela.
Repito, repito, repito, repito,
repito palabras una y otra vez;
repito a la una, repito a las dos,
repito a la una, a las dos y a las tres.
Me gusta, me gusta, me gusta, me gusta,
me gusta escucharlas una y otra vez;
una y una y una, dos y dos y dos,
una y una y una, una, dos y tres.
El ritmo, el ritmo, el ritmo, el ritmo,
el ritmo resuena una y otra vez;
el ritmo retumba, el ritmo resuena,
el ritmo retumba uno, dos y tres.
Una y una y una, una y una y una,
una y una y una, una y otra vez;
una y una y una, una y una y una,
una y una y una, una, dos y tres.
No necesito montañas
con picos llenos de hielo;
con estas nubes me alcanza,
éstas que andan por el cielo.

Una cordillera blanca
con cien montañas nevadas.
Una cordillera blanca:
¡eran nubes que pasaban!

Naranja, el sol de la tarde
tiñe todo el paraíso
que está sobre la vereda
justo enfrente de mi casa.
Rojo, el cielo de la tarde,
de a poco, se va apagando;
el paraíso se queda,
es la tarde la que pasa.
El árbol frente a mi casa
está amarillo de sol;
las ramas, las hojas, todo,
todo de un mismo color.