
Por todas partes, la tele,
que nunca para de hablar;
en las casas, en el subte,
en las tiendas, en el bar.
Noticias y deportes,
dibujos animados,
productos de limpieza,
pisos plastificados.
Películas de guerra,
películas de amor;
las chicas son hermosas,
los chicos, un primor.
Por todas partes, la tele,
que nunca para de hablar;
todo el día está encendida,
no me deja ni pensar.
Cosas que lo parecen
pero que no lo son;
un árbol no es un árbol
ni un gorrión, un gorrión.
La gente de la tele
jamás habla conmigo,
y no hay tan sólo uno
que quiera ser mi amigo.
Por todas partes, la tele,
ya no la quiero escuchar,
yo la apago, y en silencio,
salgo un rato a caminar.

El sol de otoño
ya está instalado;
brilla tranquilo,
brilla templado,
en la vereda
y el empedrado,
en las paredes
y los tejados,
por todas partes,
por todos lados,
arriba, abajo:
aquí, a mi lado.
Yo no voy, yo no voy,
yo no voy, sólo estoy;
sólo estoy donde estoy;
donde estoy: allí voy.

El cielo está radiante,
el día está de fiesta.
El día está radiante.
¡El día es una fiesta!

Sol y cielo, sol y cielo,
sol y cielo, cielo y sol;
no hay otro día como éste:
¡no hay otro día como hoy!

La mañana canta
cuando empieza el día,
el sol sube y sube
hasta el mediodía,
el silencio llena
todo de alegría,
hoy es un gran día:
¡un gran día es hoy!

Esta mañana
es la mañana,
esta mañana
que ahora está aquí.
A la mañana,
la de mañana;
a esa mañana
nunca la vi.
El sol pasa, el día pasa
y así también paso yo;
voy pasando como el día,
voy pasando como el sol.

La brisa, la brisa,
qué linda es la brisa,
que sopla liviana,
que flota sin prisa,
que me hace cosquillas
con una sonrisa;
la risa del aire:
¡la brisa es la risa!
La brisa que sopla
me roza la oreja;
me hace una cosquilla
y después se aleja.
