19 de agosto de 2017

¡Mi equipo de percusión!




¡Mi equipo de percusión! 

Letra y música, instrumentos
y voces: Douglas Wright




El potecito de helado,
la huevera de cartón
y el tarrito con arroz:
¡mi equipo de percusión!


TUM TUM
TUM TUM


El potecito de helado
es mi pequeño tambor,
la huevera de cartón,
una especie de bongó.


TUM TUM
TUM TUM


Y ese tarrito de lata
lleno con granos de arroz
suena igual que una maraca:
¡qué gran lujo esta sección!


TUM TUM
TUM TUM


Uno podría decir
que con estos ingredientes
mi sección de percusión
tiene un sonido “gustoso”,
¡un sonido con “sabor”!


TUM TUM
TUM TUM
TUM TUM TUM



Además de estos tres instrunentos de percusión,
hay varios más.

¿Podés descubrirlos?


Hay palmas, cascabeles, un Pom-Pom, unos platillos
y un Trrr hechos con la voz —me encanta hacer
percusión con la voz— y el Tic-Tic del metrónomo.



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Canción: ¡Mi equipo de percusión!


Cartoons



18 de agosto de 2017

Un coro de loros




Un coro de loros


Letra y música, guitarras
y voces: Douglas Wright



Un coro de loros
canta de este modo:
los medios, al medio,
los bajos, a un lado,
los altos, al otro,
¡todos, codo a codo!

El coro de loros
suena de este modo:
no como la brisa,
no como los vientos,
no como el cristal,
¡más bien, como el lodo!

El coro de loros
es, de todo modos,
como el coro estable
frente a mi balcón.

El coro de loros,
¡ah, se canta todo!
mientras que yo escucho
tranquilo, sentado
aquí, en mi sillón.




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Canción: un coro de loros


16 de agosto de 2017

Cita en Montmartre


Esta es una colaboración entre dos Douglas:
uno de 30 años, y otro de 60.

El de 30 concibió y desarrolló una historieta
que nunca llegó a terminar.

El de 60 recuperó los dibujos, restauró y coloreó
algunos de los cuadritos, y escribió una poesía
contando la historia.

El resultado es este:
“Cita en Montmartre - una fantasía impresionista”,
protagonizada por Gauguin, Lautrec, y van Gogh.



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Cita en Montmartre 

una fantasía impresionista



Cada uno se despide
del lugar en donde estaba
para acudir a una cita:
¡la cita tan esperada!

Tres amigos, ellos son:
van Gogh, Gauguin y Lautrec
—cada uno para todos,
¡cada cual para los tres!

Gauguin deja su Tahití
—allá en los mares del Sur—
y se trae en la maleta
montes verdes, cielo azul.




Lautrec les dice adieu
a las chicas del “Moulín”
y, de afiches y retratos,
repleto, su maletín.




Van Gogh recorre en silencio
los pasillos del hospicio
con su valija repleta
de colores: ¡un bullicio!




La cita es en Montmartre:
un encuentro de pintores
—con abrazos fratrenales,
¡con abrazos a montones!

¿Qué es lo que se proponen
estos amigos artistas?:
¡llenar toda la ciudad
de cuadros impresionistas!

La actividad es nocturna,
la actividad es febril:
¡la ciudad parece un linzo
puesto sobre un gran atril!

Después de una noche larga,
llega, al fin, la madrugada;
¡las paredes de París,
ya están todas decoradas!




¡Ah, París es una fiesta,
una fiesta impresionista!;
a esta magia de colores
—desde ahora y para siempre—
¡no hay nadie que se resista!



Douglas Wright 


13 de agosto de 2017

La perla en el lago


La perla en el lago


Dicen que en el fondo del lago hay una perla enorme, valiosa. Hay quienes revuelven el fondo, de norte a sur, buscándola. Y están los que piensan que al fondo de lago no hay que revolverlo de norte a sur sino de este a oeste. “Sólo así se encontrará la perla”, dicen.

Así, el lago es revuelto de un modo o de otro según el grupo que esté en el mando.

También están aquellos que piensan que el lago debería ser revuelto en círculos (en el sentido de las agujas del reloj, piensan unos y “¡no, no, en el sentido contrario!”, piensan otros). Y están aquellos que opinan que habría que revolverlo en zig-zag o en rulos —o escribiendo unas palabras mágicas… (Aunque éstos nunca llegan a estar al mando, de algún modo, también, revuelven aguas.)

De este modo, por supuesto, las aguas están siempre turbias y no sólo no se ve la famosa perla sino que no se ve absolutamente nada —y el agua tiene siempre gusto a barro.

¿Por qué no dejar de revolver? ¿Por qué no dejar que el agua alcance, sola, su estado de reposo, y así se aclare y se pueda ver el fondo? Tal vez, al fin y al cabo, no haya ninguna perla…

¿Se han fijado qué lindas que son las piedras de la orilla —algunas con un poquito de verdín? ¡Ah, y esos caracolitos espiralados!...


El Viejo Now





11 de agosto de 2017

Por esta ventana


Por esta ventana
(los paisajes de mi vida)


Por esta ventana, entran
los paisajes de mi vida
—casitas en los suburbios,
lejos de las avenidas.

Por esta ventana, entran
lugares donde he vivido
—barrios del sur, los suburbios,
empedrados, caseríos.

Por esta ventana, entran
—y en esta ventana viven—
los paisajes de mi vida;
todos juntos, superpuestos
—como en un mágico fresco—,
en armonía conviven.


Douglas Wright



10 de agosto de 2017

Abro la ventana


Abro la ventana

Abro la ventana
y entra la mañana,
sin pedir permiso,
sin decirme nada.

Douglas Wright



9 de agosto de 2017

Me dejo llevar, tranquilo


Me dejo llevar, tranquilo 

Me dejo llevar, tranquilo,
a donde mis pies me lleven;
ellos saben donde ir,
ellos quieren, ellos pueden.

Me dejo llevar, confiado,
hacia donde quieran ir;
¿dónde aprendieron?, ¡quién sabe!;
tal vez, andando y andando
los senderos de la vida,
las veredas del vivir. 

Douglas Wright



Un toquecito de magia


Un toquecito de magia

Un toquecito de magia
en el mundo cotidiano;
un pincel, una varita,
es lo que tengo en la mano.

Un toquecito de magia,
un brillito aquí o allá,
es lo que mi pincelito,
mi pincelito-varita,
no se cansa de pintar.

Douglas Wright



8 de agosto de 2017

¡Qué lindo regalo!


¡Qué lindo regalo! 

El olor a tierra,
el olor a pasto,
el olor a lluvia,
el olor a mar;
cada uno tiene
su fuerza olfativa,
cada uno tiene
su fuerza vital.

El olor oscuro
de esa tierra fértil,
el olor picante
de ese pastizal,
el olor tan dulce
de esa lluvia mansa,
y ese mar que inunda
con su olor a sal.

¡Qué lindo regalo,
el de los olores!,
¡qué experiencia hermosa,
el poder oler!;
y ver los aromas
que las cosas tienen,
y oír esa música,
que la vida misma,
en forma de olores,
nos quiere ofrecer. 

Douglas Wright



6 de agosto de 2017

¡Qué cuadritos tan hermosos!


¡Qué cuadritos tan hermosos! 

¡Qué cuadritos tan hermosos,
los de este amigo pintor!
—esos párrafos pintados
con trazos como palabras
en las cartas de van Gogh.


Douglas Wright




Querido Théo:

Uno no se puede imaginar un tapiz
tan admirable como este pardo-rojo
profundo en el ardor de un sol del
crepúsculo de otoño, atemperado
por las ramas.

Algunas figuras de recogedores de leña
vagan como conjuntos sombríos de
sombras misteriosas.

El gorro blanco de una mujer que se baja
para agarrar una ramita seca contrasta
de golpe con el rojo-pardo profundo del suelo.

Una falda capta de pronto la luz, una silueta
oscura de un hombre se levanta arriba del soto.
Un gorro blanco, un capuchón, una espalda,
un busto de mujer se perfilan contra el cielo…

Vincent.


5 de agosto de 2017

Quiero muchas letras “a”


Quiero muchas letras “a” 

Quiero muchas letras “a”
—como en “manzana” y “banana”—
que hagan sonar mis oídos
lo mismo que una campana.

Quiero muchas letras “a”
—abiertas, grandes, sonoras—
que hagan sonar mis oídos
todo el tiempo, a toda hora.

Quiero muchas letras “a”
—como en “mañana temprana”—
que hagan sonar mis oídos
con el “ja-ja-ja-ja-ja”
de una enorme carcajada. 

Douglas Wright



2 de agosto de 2017

Cierto desconcierto


Cierto desconcierto

(en broma)


Mi garra desgarra
notas de guitarra,
que vuelan al aire,
que sueltan amarra.

Mi voz, con catarro,
suena como un carro,
que salpica al aire
notas como barro.

Mi garganta aguanta;
mi voz se levanta
entonando un himno
que al canario espanta.

Mi alma de cantor
tiene su motor
que parece que anda
de mal en peor.

Sin embargo sigo;
le canto a mi ombligo:
mi público amado,
mi público amigo.

Cierto desconcierto
causa mi concierto
que, en cuanto a fracaso,
¡es todo un acierto!


Douglas Wright



Cuando camino, acaricio




Cuando camino, acaricio

Cuando camino, acaricio
las veredas de mi cuadra
—con los pies, con la mirada,
con el corazón y el alma.

Cuando camino, acaricio
el paisaje de mi barrio
—los árboles, los tejados,
el pastito de la plaza
y ese cielo despejado:
¡qué magnífico escenario!

Cuando camino, acaricio
todo lo que me rodea
—y el afuera se hace adentro,
y el adentro se hace afuera,
en un oscilar tranquilo
como el de una marea.

Douglas Wright