20 de marzo de 2009

MI AUTO ROJO


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Yo tenía un auto rojo, hermoso y brillante.




En él yo podía ir a cualquier parte: a Londres, a París ...
o hasta la esquina de mi casa.




Cada vez que yo tocaba la bocina, él soltaba una bandada de pájaros de todos colores.




Y cuando yo me contagié el sarampión, él también se llenó
de manchitas de color.




Le quedaban bien, pero con el tiempo se le fueron.




A mi auto, sólo yo podía manejarlo. Si alguien más lo intentaba,
él se convertía en un charco de pintura roja...




... o en un par de zoquetes de lana, también de color rojo.




Una vez, mi primo —que era muy desobediente— intentó
dar una vuelta a escondidas; mi auto se transformó en un dragón,
y mi primo salió corriendo asustado.




Con mi auto rojo yo podía navegar por el mar o volar por el cielo.




Un día chocamos contra una nube...




...pero la nube no se hizo daño.
Y nosotros tampoco.




Otro día, nos topamos con un tiburón...




...pero mi auto rojo le mostró los dientes y el tiburón salió corriendo asustado, igual que mi primo.




Cuando yo me iba a dormir, él se iba de paseo por Marte, Júpiter y Saturno.




Entonces, por la mañana, en el baúl aparecía algún bicho de otro planeta.




Una noche de luna llena, mi auto rojo se puso a dar volteretas por el cielo.

Yo lo miré por la ventana hasta que me quedé dormido.




Esa noche soñé que el auto rojo era yo.




Fue un sueño muy divertido: salté, volé, nadé...




...y hasta me di una vuelta por Marte, Júpiter y Saturno.




Aquella noche dormí profundamente.




Por la mañana, cuando desperté, mi auto rojo no estaba.




Lo busqué por todas partes: debajo de la cama, encima del ropero,
en el patio trasero y en el jardín del frente; debajo de la mesa del comedor y detrás del sillón de la sala...




Pero nada; no estaba por ningún lado. Mi auto rojo se había ido.




Lo esperé un día, una semana, un mes... Pero nunca volvió.




El tiempo pasó, y también pasaron los juguetes: el triciclo verde,
la bicicleta azul, la pelota naranja...



...Hasta que una tarde, mientras paseaba por la plaza, lo encontré.

Una nena de anteojos lo conducía.




Cuando pasó por mi lado, mi auto rojo me sonrió, me guiñó un farol y después siguió tranquilo por el sendero.




Entonces me di cuenta...

Ahora yo podía, sin la ayuda de nadie, viajar a Londres, a París o hasta la esquina de mi casa.
Y al silbar, era yo el que soltaba una bandada de pájaros de todos colores.




Y también podía volar por el cielo y navegar por el mar, y enfrentarme a un tiburón, si era necesario.




Y a veces, en sueños, viajaba a Marte, Júpiter y Saturno...




...y por la mañana encontraba algún bicho de otro planeta debajo de la almohada.




Entonces le eché una última mirada a mi auto rojo, le sonreí y le guiñé un ojo... y seguí caminando tranquilo por el sendero.


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16 comentarios:

  1. Una historia muy creativa... Me gustó mucho tu blog. Es muy didáctico y con una visión muy poética de la vida, tanto para niños como para adultos.

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  2. Gracias, Carlos...


    Eso de "tanto para niños como para adultos" es algo que siempre tengo presente.


    Saludos.


    Douglas.

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  3. hermosa historia , me encanto mucho le va muy bien a los adolescentes ,sigue haciendo mas cuentos como este

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  4. ME GUSTO TU CUENTO, PORQUE ESTUVO PADRE, PENSE QUE IMAGINAR ESO ES LINDO.
    ES MUY LINDO TU CUENTO. GRACIAS
    AMAYA CESPEDES 6 AÑOS.

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  5. Gracias, Amaya...

    Lo que está "padre" es tu comentario.

    Es verdad, es muy lindo poder imaginar estas cosas.


    Un cariño.


    Douglas.

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  6. Ay... qué cosa más linda tener un niño en el fondo del alma y poder disfrutar de tus maravillosas historias! Mil gracias!

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  7. cuántos autos rojos vamos dejando por la vida!! hermoso cuento... para reflexionar!

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  8. Sí, es verdad...

    ¡Cuántos autos rojos vamos dejando!

    Gracias.

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  9. Carmen Fernández Valderrama11 de agosto de 2012, 22:47

    Lo felicito, es usted muy imaginativo y muy creativo, uno tiene que hacerse niño para poder inspirarse, es la verdad a veces dejamos pasar muchos autos rojos, que es el color de la pasión, de la decisión que a veces uno tiene que tomar. Me gusto mucho su cuento, felicitaciones.

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  10. Muchas gracias, Carmen...

    "Rojo, que es el color de la pasión, de la decisión"...

    (Gracias de nuevo por ésto.)

    Saludos!


    Douglas.

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  11. Hola querido Douglas.
    Me encantó tu cuento. Lo encontré de casualidad. Buscaba un auto rojo porque tengo que dar un sermón en la Iglesia sobre el amor de Dios. Claro, no tiene nada que ver... aunque yo necesitaba un auto rojo. Soy tu primo Robbie... el que quiso manejar tu auto y terminé asustado por el dragón. Formidable, estupendo lo tuyo... orgulloso de tenerte como mi primo y re-contento de disfrutar del amor de Dios.
    Te mando un abrazo inmenso.
    Robbie.

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  12. Gracias Robbie!...

    Adelante, nomás: el auto rojo se banca todo.

    Un abrazo grande para vos!


    Douglas.



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  13. douglas! te pasaste por la historia! hoy doi clases de yoga a peques de 3 a 4 años y justamente hoya aprenderemos la "postura del auto" jajaj y este cuento viene de maravillas como material de apoyo, por que además les enseña a través de imágenes increibles, un lenguaje sencillo y un sentido muy poético, mil gracias!!

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  14. Gracias Ma José...

    Qué bueno que esta historia y sus dibujos te "vengan de maravilla" como material de apoyo para tus clases de yoga a los peques!

    Saludos (para vos y a ellos)!


    Douglas.



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