Cuando Murphy se murió,
y lo fueron a enterrar,
todo el mundo se esperaba
la catástrofe total:
que el cajón se diera vuelta,
patas p’arriba en el suelo,
o que no entrara el cajón
en el previsto agujero.
No pasó nada de eso
que todo el mundo esperaba
(la galletita hacia abajo,
la mermelada en el suelo);
ésa era la realidad
que a Don Murphy le decía:
“vos hacé todas las leyes,
que yo hago lo que quiero”.
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