29 de marzo de 2009

EL MAR

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El mar es un lugar inmenso
lleno de agua salada...




... y lleno de buzos, submarinos,
botellas con mensajes de náufragos
y barcos hundidos.




En el mar hay ballenas,
tiburones, delfines y
un montón de pececitos
de colores.




El fondo del mar
está lleno de plantas
de forma rara
y aspecto misterioso.




Y como todo se ve borroso,
las cosas parecen aún más raras
y misteriosas.

Por ejemplo, algo así...




... se ve así.



En el mar las cosas pasan
en cámara lenta...

¡Menos para el tiburón!




Y podemos flotar
como si no pesáramos nada.




En el mar podemos
volar como pájaros...




... y podemos quedarnos cabeza abajo
sin ningún problema.




En el mar, nos damos cuenta
de que estamos cabeza abajo
cuando todo lo demás
se ve patas para arriba.




Mi prima me contó
que hay un mar
que se llama Mar Dulce,
y que allí los peces
son gordos y golosos.




Ella dice que en el fondo del Mar Dulce,
en vez de plantas marinas
(ésas de forma rara y aspecto misterioso)
hay tortas de crema
y pasteles de chocolate.




No sé si será verdad
lo que cuenta mi prima del Mar Dulce
porque ella es muy exagerada.




Lo que sí es seguro
es que en el mar
se habla un solo idioma
porque todas las palabras
suenan a “¡GLUB!”




El mar, entonces,
es un lugar inmenso
que parece un cielo
con todo el aire mojado.



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28 de marzo de 2009

En-cerrada

Nube en el interior de un cerro.

Si En-cerrado era alguien atrapado entre dos cerros, ésto es otra cosa por completo.

Ustedes pensarán (no sin motivo) que tal cosa no existe, pero nosotros afirmamos que sí (al menos desde ahora).


¿Por qué motivo una nube desearía En-cerrarse? ¿Eh?

Para protegerse de la lluvia, por ejemplo, o para evitar que la abrace el sol...

También, porque el cielo está saturado de nubes (como el subte en las horas pico) y quiere estar un rato a solas.

¿Qué mejor, entonces, que En -cerrarse? (Todos saben qué calladas, silenciosas y discretas son las montañas -como los rincones oscuros de los bares de antes).

Hay una En-cerrada célebre que habita el “I Ching”. Se encuentra en el hexagrama 26, Ta Ch’u/ La Fuerza Domesticadora de lo Grande.

Veamos qué dicen de ella los sabios chinos de la antigüedad:

“El cielo en el centro de la montaña señala tesoros ocultos. Del mismo modo, en las palabras y los hechos del pasado se esconde un tesoro que puede ser utilizado para lograr la afirmación y el acrecentamiento del propio carácter. He ahí la recta manera de estudiar: la que no se limita al saber histótrico, sino que transforma cada vez lo histórico en actualidad, mediante la aplicación de ese saber.”

Alguno se preguntará: ¿Todo eso por estar un rato en silencio?

Nosotros respondemos: Shhh...

(La Ciclopedia se publica regularmente en TamTam.)

25 de marzo de 2009

El Jardinero Mágico


El Jardinero Mágico se adapta
a todos los terrenos.
A veces sin darse cuenta.


(El Jardinero Mágico se publica regularmente en Imaginaria.)

23 de marzo de 2009

En esta cuna de arcilla...



En esta cuna de arcilla
nacen y crecen las flores;
si en ella viven felices,
nos regalan sus colores.













(La maceta)

Por mi cabeza...



Por mi cabeza, sus dientes,
él pasa de lado a lado,
logrando que mis cabellos
queden todos bien peinados.













(El peine)

20 de marzo de 2009

MI AUTO ROJO


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Yo tenía un auto rojo, hermoso y brillante.




En él yo podía ir a cualquier parte: a Londres, a París ...
o hasta la esquina de mi casa.




Cada vez que yo tocaba la bocina, él soltaba una bandada de pájaros de todos colores.




Y cuando yo me contagié el sarampión, él también se llenó
de manchitas de color.




Le quedaban bien, pero con el tiempo se le fueron.




A mi auto, sólo yo podía manejarlo. Si alguien más lo intentaba,
él se convertía en un charco de pintura roja...




... o en un par de zoquetes de lana, también de color rojo.




Una vez, mi primo —que era muy desobediente— intentó
dar una vuelta a escondidas; mi auto se transformó en un dragón,
y mi primo salió corriendo asustado.




Con mi auto rojo yo podía navegar por el mar o volar por el cielo.




Un día chocamos contra una nube...




...pero la nube no se hizo daño.
Y nosotros tampoco.




Otro día, nos topamos con un tiburón...




...pero mi auto rojo le mostró los dientes y el tiburón salió corriendo asustado, igual que mi primo.




Cuando yo me iba a dormir, él se iba de paseo por Marte, Júpiter y Saturno.




Entonces, por la mañana, en el baúl aparecía algún bicho de otro planeta.




Una noche de luna llena, mi auto rojo se puso a dar volteretas por el cielo.

Yo lo miré por la ventana hasta que me quedé dormido.




Esa noche soñé que el auto rojo era yo.




Fue un sueño muy divertido: salté, volé, nadé...




...y hasta me di una vuelta por Marte, Júpiter y Saturno.




Aquella noche dormí profundamente.




Por la mañana, cuando desperté, mi auto rojo no estaba.




Lo busqué por todas partes: debajo de la cama, encima del ropero,
en el patio trasero y en el jardín del frente; debajo de la mesa del comedor y detrás del sillón de la sala...




Pero nada; no estaba por ningún lado. Mi auto rojo se había ido.




Lo esperé un día, una semana, un mes... Pero nunca volvió.




El tiempo pasó, y también pasaron los juguetes: el triciclo verde,
la bicicleta azul, la pelota naranja...



...Hasta que una tarde, mientras paseaba por la plaza, lo encontré.

Una nena de anteojos lo conducía.




Cuando pasó por mi lado, mi auto rojo me sonrió, me guiñó un farol y después siguió tranquilo por el sendero.




Entonces me di cuenta...

Ahora yo podía, sin la ayuda de nadie, viajar a Londres, a París o hasta la esquina de mi casa.
Y al silbar, era yo el que soltaba una bandada de pájaros de todos colores.




Y también podía volar por el cielo y navegar por el mar, y enfrentarme a un tiburón, si era necesario.




Y a veces, en sueños, viajaba a Marte, Júpiter y Saturno...




...y por la mañana encontraba algún bicho de otro planeta debajo de la almohada.




Entonces le eché una última mirada a mi auto rojo, le sonreí y le guiñé un ojo... y seguí caminando tranquilo por el sendero.


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